Una compleja historia registrada en "The Rocks don´t lie (Las rocas que no mienten)".

Mientras Johnson ayudaba a una cabina de divulgación científica para una feria de condado local recientemente, se dio cuenta que estaba comenzando a hacer lo que temía evitar. Un grupo de creacionistas, que también contaba con un stand completo mostraba un cartel en el que se describa la coexistencia de humanos y dinosaurios -misioneros que habían desembarcado en las costas-.

A partir de lo anterior comenzó a considerar las siguientes ideas expuestas por los creacionistas: las primeras asociaciones de fósiles no se diferenciaban de los organismos modernos, no había mucho espacio en el Arca de Noé, porque todas las especies presentes hoy en día son descendientes de unos 8,000 "tipos" que se crearon inicialmente, la datación radiométrica de los materiales ha sido demostrada que no funciona; las rocas no pueden plegarse (una flexión bajo presión) -sólo lo puede el sedimento blando; el Gran Cañón, lejos ser una prueba de la profundidad insondable del tiempo geológico, es en realidad una prueba definitiva para el diluvio de Noé... y se puede continuar. La evidencia sugería que el material mostrado no era realmente un conjunto de evidencias que respaldaban una u otra posición. Tales personas nunca habían ido a estudiar un afloramiento de roca. No estaban interesados ​​en lo que la roca tenía que decir -suponían que ya sabían que respuesta tenía que ser-.

Es fácil ver el conflicto entre la religión y la ciencia de la historia de la Tierra como un solo arco de la historia en que la ciencia eventualmente superó el dogma fundamentalista. Pero, como sucede a menudo con historias basadas en la narrativa, la verdad es un poca desordenada y mucho más interesante de lo que se podía suponer.

David R. Montgomery, un geomorfólogo de la Universidad de Washington, traza la interacción histórica entre la geología y la teología en su nuevo libro, "The Rocks don´t lie (Las rocas no mienten)". Como él mismo explica en el prólogo del libro, "empecé a escribir este libro con la intención de presentar una simple refutación del creacionismo, la creencia de que el mundo es de hace unos pocos miles de años y que toda la topografía del mundo abarcando cada montaña, colina y el valle fue formado en el diluvio bíblico. Pero, como he leído en viejos libros aprendí historias sobre enormes inundaciones desde diversos puntos de vista científicos y religiosos".

Muchas culturas tienen leyendas del diluvio y con frecuencia hay razón para creer que la historia se basa en un verdadero diluvio, pero simplemente no hubo uno que inundó el planeta entero. Después de ver la evidencia de lo que fue una vez un lago glacial en el Tíbet y escuchar una leyenda local sobre un gurú que narraba como el budismo en la región llevo al derrotar a un demonio lago, escribe: "Veamos, las historias del diluvio de Noé y la inundación tibetana tienen similitudes, excepto, por supuesto, que fue viral y todavía estamos discutiendo sobre ello".

Las edades de las piedras

El hecho de que los fósiles marinos sean abundantes en las rocas en tierra fue un hecho que no escapo a los griegos. Aristóteles imaginó que los continentes y los mares lentamente alternaban sus identidades, a través de los sedimentos de los ríos que rellenaban cuencas oceánicas. Pero cuando los europeos finalmente devolvieron su atención a la geología, vieron las cosas desde una perspectiva diferente. El reconocimiento de que algunas rocas se componen de arena o barro y que algunas incluso contenían restos de organismos, sólo podía ser interpretado de una manera -como restos del diluvio de Noé-.

Cuando los filósofos naturales estudiaron las rocas lo suficientemente cerca para complicar esa postura, vieron que las rocas contenían nuevos detalles del diluvio de Noé que faltaban en el relato bíblico. Incluso Nicolas Steno, cuyo trabajo pionero en la década de 1600 permitió a la geología a superar su infancia, pasó la mayor parte de su estudio en modelos creativos de lo que podríamos llamar "la mecánica de las inundaciones", en un intento de dar cabida a todas sus observaciones.

En un golpe impactante contra la historia simplificada de la religión frente a la geología, Montgomery describió los principales puntos de vista de los primeros líderes de la iglesia cristiana. Figuras importantes en la historia cristiana -como Orígenes, Clemente, Agustín, Jerónimo y Tomás de Aquino- consideradas como lecturas literales de Génesis proporcionaron una visión de esta postura. Ante la evidencia de la naturaleza que contradice una cierta lectura de la Biblia, todos ellos decidieron que la única respuesta sensata era ajustar la lectura de la Biblia. En su opinión, la naturaleza demostraba claramente cómo eran las cosas, así que cualquier discrepancia mentía con la interpretación de la Escritura. En realidad, no fue sino hasta la Reforma protestante en el año 1500 que se llegó a un prominente literalismo.

Montgomery describe también las funciones de varias figuras importantes en la geología, entre ellos Georges Cuvier , James Hutton y Charles Lyell , denotando cómo sus ideas fueron influenciadas por (o en conflicto con) las vistas existentes sobre el diluvio de Noé. Por ejemplo, tiempo después, se acordó que las rocas representan un registro de la historia que sólo podía ser abarcada en millones de años, pero antes de que el transporte de sedimentos en capas de hielo fuera imaginable -la mayoría de geólogos explicaba que los depósitos glaciares de Europa eran restos reales de la diluvio bíblico-.

Es en ese contexto cuando surge la extraordinaria historia de William Buckland, un prominente teólogo y geólogo de Oxford. Buckland fue un defensor acérrimo del diluvio global para explicar el sedimento de Europa y su topografía, llegando a ser Decano de Westminster en la Iglesia Anglicana en parte por su trabajo sobre este tema. De admiración fue, que más tarde y en público cambió de opinión cuando se enfrento a una clara evidencia de que una inundación no tenía nada que ver con tales pruebas - como la falta de depósitos similares en los trópicos-.

El dogma ataca de nuevo


El libro detalla la resurrección moderna de la oposición fundamentalista a las conclusiones de la geología y la paleontología. A principios de 1900, un hombre llamado George McCready Price intentó volver al dogma que el lento progreso de la geología había erosionado. Montgomery escribe: "Ya sea por ignorancia o simple desdeño de siglos de descubrimiento y debate, Price atribuyó el registro geológico completo a el Diluvio de Noé descartando enormes montones de sedimento repleto de fósiles... Price acusó a los geólogos convencionales de un prejuicio crudo puesto que nunca se molestaron en aprender otra geología e ignoraban la evidencia acumulada por generaciones de geólogos."

En la década de 1950, el trabajo de Price inspiro a Henry Morris (quien más tarde fundó el Instituto para la Investigación de la Creación) y Whitcomb John quien desarrolló ideas y materiales que definen el Creacionismo hasta el día de hoy, así como enormes avances científicos (como la datación radiométrica de la Tierra y la tectónica de placas) fueron descartados por ambos.

En una interesante coda, Montgomery se refiere a la reticencia de la comunidad geológica de reconocer la importancia de Scablands en Washington. En la década de 1920, un joven geólogo de nombre J. Harlen Bretz se convenció de que las pruebas en los cañones grandes y secos del este de Washington eran evidencia de una inundación catastrófica. Después de haber pasado el último siglo prescindiendo de la inundación de Noé como un arquitecto geológico, la mayoría de los geólogos sabían una cosa acerca de la afirmación de Bretz: no podía ser así.

Sería cincuenta años después que el resto del campo admitiría que Bretz tenía razón. ("Todos mis enemigos han muerto", solía decir en broma: "No tengo a nadie para regodearme.") Está claro que los Scablands fueron creados por increíbles inundaciones desatadas por el deshielo de un lago glacial que una vez cubrió 3,000 kilómetros cuadrados de Montana. Muchos científicos simplemente no podían considerar esta posibilidad, ya que la que la geología se conformaba por eventos con cambio gradual, no catastróficos.

Decisivo aquí, tentativo allá


Aunque el libro es mucho más que la imposible maldad de pensar en un diluvio global como una explicación plausible de la complejidad de la corteza terrestre, todavía hay un quien lo considera viable (Por ejemplo, las rocas evaporíticas del oeste de Texas son tan gruesas que tendría que evaporarse un océano de 725 kilómetros profundidad para lograrlo. A la velocidad máxima observada en la Tierra, esto tomaría por lo menos 100,000 años.) Es evidente partir de la claridad de la escritura directa de Montgomery debido a que es un educador. Él efectivamente detalla las principales ideas sin esconderse en un bosque denso de jerga o narración auto-indulgente.

Sólo hay una faceta del libro que viene un poco deslucido. Montgomery relata brevemente sobre el problema filosófico entre ciencia y religión, al parecer para llegar a los creyentes que son sospechosos de la ciencia (pero también para recordar a los científicos que no son inmunes al pensamiento sesgado). Se trata de construir puentes, acercándose a la idea de Stephen Jay Gould de magisterios que no se superponen , pero siempre matizando que la religión debe, por supuesto, dar a los hechos de la ciencia.

El resultado es una rama de olivo se detiene y casi parece se argumentar con ella misma. Al tratar de criticar a ambos lados por igual para crear un punto medio cómodo para que la mayoría de las personas se identifica con esta, Montgomery termina con una noción muy vaga . Aún así, no se puede esperar producir oro, donde miles han intentado sin éxito antes tal merito.

En general, es un gran libro que se puede leer por varias razones -si quieres saber por qué la geología no es compatible con la historia del diluvio, entender las raíces del creacionismo moderno, contemplar una advertencia de los paradigmas científicos, o simplemente aprender sobre la historia de Ciencias de la Tierra-. La manera respetuosa en la que está escrito significa que incluso podría ganar adeptos entre los creacionistas que están dispuestos a evaluar críticamente sus puntos de vista. Después de todo, los padres de la iglesia cristiana hubiera estado de acuerdo.

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