Los resultados apoyan la idea de que el microbioma intestinal tiene un papel activo en el trastorno.

Ratones con síntomas de autismo son menos sociables y más ansiosos que el grupo de control. Créditos: Flickr/ woodleywonderworks.


Empleando un microbio humano del intestino se pudo revertir problemas de comportamiento en ratones que tenían síntomas similares al autismo en humanos, informa una investigación publicada en Cell. El tratamiento reduce a su vez problemas gastrointestinales en animales similares a los que tienen los seres humanos con autismo.

La investigación realizada por Paul Patterson, neurobiólogo del Instituto de Tecnología de California (Caltech) en Pasadena. El año paso, Paul junto con su equipo crearon ratones con síntomas similares al autismo mediante la inyección de una sustancia química que imita una infección viral en ratones embarazadas, produciendo animales menos sociales y más ansiosos en comparación con la descendencia de ratones de tipo salvaje. Los ratones autistas también tenían 'tripas con fugas', donde las paredes de su intestino se descomponen y permiten que sustancias se filtren a través de este. Estudios han comprobado que los humanos con autismo son más propensos a tener trastornos gastrointestinales, lo que sugiere que ambos padecimientos puedan estar relacionados.

Para comprobar el papel que podía desempeñar microbios de la flora intestinal en los síntomas de los animales, Patterson y colegas: microbiólogo Sarkis Mazmanian y neurocientífico Elaine Hsia, realizaron un censo de las bacterias que habitan en el instestino de los ratones. Encontraron que los ratones con síntomas de autismo, tenían niveles más bajos de una bacteria llamada Bacteroides fragilis,la cual esta presente en intestinos de ratones sanos. Cuando los investigadores colocaron Bacteroides fragilis en estos ratones, sus problemas gastrointestinales disminuyeron y su comportamiento mejoró.

Problemas de desequilibrios químicos


Para poder encontrar correlación entre las bacterias intestinales y el cerebro, se realizo un examen de sangre a ratones con autismo y a salvajes para comprender como funcionan las células en el cuerpo. Encontraron que la sangre de los ratones con síntomas de la enfermedad tenían hasta 46 veces niveles de la sustancia 4-ethylphenylsulphate (4EPS) comparados con el grupo de control. Esta sustancia tiene una estructura similar al paracresol, encontrado en personas con autismo.

Cuando se inyectó 4EPS en ratones salvajes, comenzaron a tener síntomas similares a los ratones no tratados, de forma obsesiva repetían algunos comportamientos además de producir chirridos diferentes a los que usan para saludar a otros ratones. Hsiao expone que pese a que no esta aún claro si 4EPS es producido por B. fragilis, si parece que es producido por bacterias intestinales.

Pese a ello, en los seres humanos existen diferentes tipos de autismo, se requieren considerar que los diversos síntomas pueden ser producidos por diversas bacterias. Otra cuestión es saber si el microbiomas de los ratones es diferente en ratones alterados es similar al de animales predispuestos a la enfermedad.

Con esta información se puede a comenzar a estudiar como las bacterias probióticas mejoran la función cerebral en los humanos. Lo siguiente es determinar como las bacterias usan los sistemas inmune, metabolismo y sistema nervioso para influir en el cerebro.

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