Hace treinta años, una explosión en la central nuclear de Chernobyl en Pripyat, Ucrania -que en ese entonces formaba parte de la Unión Soviética- extendió enormes cantidades de combustible y materiales básicos radiactivos a la atmósfera, e irradió grandes extensiones de tierra. Es el peor accidente nuclear de la historia. Los residentes que viven cerca o incluso dentro de las áreas contaminadas que rodean el lugar de la catástrofe todavía están siendo expuestos a la radiación mortal, especialmente a través de su dieta.
Créditos: Stefan Krasowski
Un informe de Greenpeace publicado esta semana señala que las concentraciones de isótopos radiactivos dentro de los alimentos y cultivos producidos localmente contienen a veces hasta 16 veces por encima de los límites permisibles. Los investigadores destacaron que el isótopo nuclear de cesio-137 es motivo de preocupación, no sólo porque es fácilmente absorbido por las plantas, sino porque lleva varios siglos en decaer hasta el punto en que se convierte en no dañino.

Los niveles más altos de radioactividad se detectaron en leche, setas, bayas y carne. A modo de ejemplo, las muestras de leche recogidas a 200 kilómetros de distancia de Chernobyl contenían niveles de cesio-137 por encima del límite permisible establecido para el consumo de adultos, y muy por encima de los límites establecidos para los niños. Beber o comer cualquiera de estos alimentos aumentará el riesgo de contraer algún tipo de cáncer, aunque el aumento del riesgo varía de una persona a otra.

Es evidente que la radiación del desastre se ha distribuido en el ecosistema local de una manera completa, y no sólo en términos de cultivos comestibles. El informe menciona que más de 1,100 incendios forestales se produjeron entre 1993 y 2013 en la zona, lo que significa que la radiación de la explosión, inicialmente absorbida por la vegetación, ha sido redistribuida.

Dejar de consumir tales alimentos contaminados es más difícil de lo que parece. Con un economía en apuros ofrecer productos saludables es cada vez más difícil. Y las aparentes soluciones sólo han servido para agravar las cosas.

La investigación sólo ha servido para poner de relieve los problemas que provocó el desastre nuclear de Chernobyl en realidad. Sin embargo, vale la pena señalar que los accidentes nucleares son realmente muy raros y este evento en particular fue causada por una preocupante falta de procedimientos de seguridad y un diseño de reactor soviético enormemente deficiente.

El segundo desastre nuclear más catastrófico del mundo -el incidente de Fukushima provocado por un tsunami en 2011 frente a la costa de Japón - ha sido, gracias a una combinación de trabajo duro y constancia, en gran medida contenido. No se pudo contener una décima parte de la radiación comparada con la producida en Chernobyl, sin embargo la mayoría termino en el mar.

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